El sueño
El sueño Era todo un acontecimiento cuando, cada tres meses, Hubertine hacÃa la colada. Contrataban los servicios de una mujer, la tÃa Gabet; por esta razón, durante cuatro dÃas, los bordados quedaban olvidados; y la misma Angélique participaba activamente y convertÃa en una distracción las operaciones de enjabonado y aclarado en las lÃmpidas aguas del Chevrotte. Después de sacarla de la ceniza, se acarreaba la ropa por la puertecita de comunicación. En el Clos-Marie, se vivÃan las jornadas al aire libre, a pleno sol.[109]
—¡Madre, esta vez lavo yo! ¡Me divierte tanto!
Y, sacudida por la risa, las mangas subidas por encima de los codos, blandiendo la paleta, Angélique golpeaba de buena gana, y realizaba con alegrÃa y salud aquella dura tarea que la salpicaba de espuma.
—¡Esto me endurece los brazos! ¡Me sienta bien, madre!
