El sueño
El sueño —¡Ay, señorita! —gimió la tÃa Lemballeuse—. ¡Mire en qué estado se halla esta desgraciada! Mañana no podrá caminar, será un dÃa perdido… Necesita zapatos.
Los ojos ardientes bajo su pelambrera, Rose y Jeanne multiplicaron sus llantos, gritando con voz aguda:
—Necesita zapatos, necesita zapatos.
Tiennette habÃa levantado a medias su cabeza delgada y oscura. Luego, huraña, sin decir una sola palabra, habÃa vuelto a sangrar, al encarnizarse en una larga astilla con un alfiler.
Conmovida, Angélique entregó su limosna:
—Aquà tienen, de momento, un pan.
—¡Pan! —dijo la madre—. También hace falta. Pero ésta no caminará con pan, claro. Y en Bligny hay feria, una feria en la que saca cada año más de cuarenta sueldos… ¡Señor! ¡Señor! ¿Qué va a ser de nosotras?