El sueño
El sueño
Entraron en la casa y Hubert cerró la puerta, mientras Hubertine, cargada con el bulto, cruzaba la habitación que daba a la calle, que servía de salón y en la que estaban expuestos unos bordados de muestra delante de la gran ventana cuadrada. Después, pasó a la cocina, la antigua sala común, que se conservaba casi intacta, con las vigas vistas, el pavimento reparado en mil sitios y la gran chimenea con manto de piedra. Sobre unas tablas había utensilios, vasijas, hervidores, recipientes de uno o dos siglos de antigüedad y viejas piezas de loza, de gres y de estaño. También había un horno moderno, que ocupaba el hogar de la chimenea, un gran horno de hierro cuyos adornos de cobre relucían. Estaba al rojo y se oía hervir el agua del escalfador[20]. En un extremo había un cazo lleno de café con leche caliente.
—¡Caramba! Se está mejor aquí dentro que ahí fuera —exclamó Hubert, mientras dejaba el pan sobre una pesada mesa de estilo Luis XIII[21], que ocupaba el centro de la habitación—. Pon a esta pobre niña junto al horno para que entre en calor.