El sueño
El sueño —Permanecí durante horas en la hierba, abatido por el mal, como un árbol arrancado… Y no existía ya nada, sólo quedaba usted. Pensar que no la tendría me hacía morir. Mis extremidades empezaban a entumecerse, la locura se apoderaba de mi cabeza… Y ésta es la razón por la que he vuelto. No sé por dónde he pasado ni cómo he podido llegar hasta esta habitación. Perdóneme, habría hendido las puertas con los puños, me habría izado hasta su ventana en pleno día…
Ella estaba en la sombra. Él, de rodillas bajo la luna, ni siquiera la veía, totalmente pálida de arrepentida ternura, tan emocionada que no podía hablar. Él pensó que era insensible y juntó las manos.