El sueño
El sueño —Esto viene de lejos… Fue una tarde en que la vi aquí, en esta ventana. No era más que una blancura vaga; yo distinguía apenas su rostro y, sin embargo, la veía, la adivinaba tal como es. Pero tenía mucho miedo; he merodeado durante noches, sin encontrar el valor suficiente para ir a su encuentro en pleno día… Además, me gustaba en ese misterio; mi felicidad era soñar con usted como con una desconocida a la que no conocería nunca… Más adelante supe quién era; no se puede resistir a esa necesidad de saber, de poseer el propio sueño. Fue entonces cuando empezó mi fiebre, que ha ido aumentando con cada encuentro. Se acordará, la primera vez, en este campo, la mañana en que yo examinaba la vidriera. Nunca me había sentido tan torpe; tuvo razón de burlarse de mí… Y después la asusté, seguí actuando torpemente al perseguirla hasta las casas de sus pobres. Ya dejaba de ser dueño de mi voluntad; hacía las cosas con el asombro y el temor de hacerlas… Cuando me presenté para encargar la mitra, era una fuerza lo que me impulsaba, porque yo no me atrevía, estaba seguro de que le desagradaría… ¡Si comprendiera hasta qué punto soy miserable! No me ame, pero deje que yo la ame. Sea fría, sea malvada, la amaré tal como sea. Sólo le pido verla, aunque no tenga ninguna esperanza, por la única alegría de estar así, a sus pies.