El sueño

El sueño

Capítulo XI

Esa misma noche, en la cocina, al levantarse de la mesa Angélique se confesó a los Hubert y les contó su gestión ante el obispo y la negativa de éste. Estaba totalmente pálida, pero muy tranquila.

Hubert se quedó trastornado. ¡Cómo! ¡Su querida niña ya conocía el sufrimiento! También ella tenía herido el corazón. Los ojos se le llenaban de lágrimas, por el parentesco entre su pasión y la de Angélique, aquella fiebre del más allá que los arrastraba juntos con tanta facilidad, al menor soplo.

—¡Ay! ¡Hija mía! ¿Por qué no me consultaste? Te habría acompañado y quizás habría hecho cambiar de opinión a monseñor.

Hubertine le hizo callar con la mirada. Realmente era poco razonable. ¿No valía más aprovechar la ocasión para enterrar aquella boda imposible? Cogió a la muchacha entre sus brazos y le besó la frente con ternura.

—Entonces, ¿todo ha terminado, cariño, terminado de verdad?

Al principio, Angélique parecía no entender. Luego, las palabras la alcanzaron como si vinieran de lejos. Miró al frente como si interrogase al vacío, y contestó:

—Sin duda, madre.


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