El sueño

El sueño

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Demasiado agitado para sentarse, dejando la capa que acababa de tensar, se dedicó a encolar un pendón que había quedado terminado en el bastidor. Después de coger el bote de cola de Flandes en el cofre, untó el envés de la tela con el pincel para consolidar el bordado.[92] Sus labios habían conservado un pequeño temblor y no volvió a hablar.

Angélique, aunque también callaba, obediente, seguía por lo bajo, mientras ascendía más arriba, cada vez más arriba, en el más allá del deseo; y todo en ella lo manifestaba, su boca que el éxtasis dejaba entreabierta, sus ojos, en los que se reflejaba el azul infinito de su visión. Ahora bordaba con el hilo de oro su sueño de niña pobre. De él surgían, sobre el raso blanco, las grandes azucenas, las rosas, la inicial de María. El tallo de la azucena, realizado en espiguilla, tenía la esbeltez de un chorro de luz, mientras que las hojas largas y delgadas, hechas de lentejuelas cosidas cada una con una hebra de cañutillo, caían en una lluvia de estrellas. En el centro, la inicial de María deslumbraba, con un relieve de oro macizo, bordado en guipur y con estampado, ardiente como una gloria de tabernáculo[93], en el incendio místico de sus rayos. Las rosas de tiernas sedas cobraban vida y la casulla entera resplandecía, totalmente blanca, milagrosamente florecida en oro.


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