Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Le llevo conmigo. Cenaremos juntos. Luego me acompañará al Varietés. No salgo a escena hasta las nueve y media.

El buen Labordette caía oportunamente. Nunca pedía nada. Era el amigo de las mujeres, el que arreglaba sus pequeños asuntos. Así pues, al pasar despidió a los acreedores de la antesala. Además, aquellas buenas gentes no querían que les pagasen, y si insistieron, fue para saludar a la señora y hacerle personalmente nuevas ofertas de sus servicios, después de su gran éxito de la víspera.

—Vámonos, vámonos —decía Nana, que ya estaba vestida.

Precisamente en aquel instante entró Zoé gritando:

—Señora, renuncio a abrir. Hay una cola en la escalera…

¡Una cola en la escalera! El mismo Francis, a pesar de la flema inglesa que le caracterizaba, se echó a reír mientras recogía los peines. Nana, que se había cogido del brazo de Labordette, lo empujaba hacia la cocina. Y se escapó, libre al fin de los hombres, feliz al ver que podía tenerlo, solos los dos, en cualquier sitio y sin temer estupideces.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker