Nana
Nana —Eres un caso. No haber visto todavía un estreno… La Venus Rubia será el acontecimiento del año. Hace seis meses que se habla de ella. ¡Qué música, qué gracia! Bordenave, que conoce su oficio, la ha guardado para la Exposición.
Héctor escuchaba religiosamente. Hizo una pregunta:
—Y a Nana, esa nueva estrella que debe hacer de Venus, ¿la conoces?
—Ya está bien, ¿eh? Otra vez lo mismo —exclamó Fauchery agitando un brazo—. Toda la mañana que no hacen más que abrumarme con Nana. He encontrado a más de veinte personas, y Nana por aquí y Nana por allá. Como si yo conociese a todas las muchachas de París… Nana es una invención de Bordenave, ¡y así será ella!
Se calmó, pero el vacío de la sala, la semipenumbra y aquel recogimiento de iglesia lleno de cuchicheos y portazos le irritaron.
—¡Ah, no! —exclamó de pronto—. Aquí, uno se hace viejo. Yo salgo… Seguramente encontraremos a Bordenave y nos dará algunos detalles.