Nana

Nana

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El grito duró un instante. Le siguió un ruido de pasos rápidos, y por la puerta del pasillo, abierta bruscamente, entró una bocanada de música, un rumor lejano, y la puerta se cerró, oyéndose el golpe seco del batiente acolchado. De nuevo reinó una paz sorda en el saloncillo de artistas, como si estuviese a cien leguas de aquella sala donde aplaudía la muchedumbre. Simonne y Clarisse continuaban hablando de Nana. Otra que no se daba gran prisa. Todavía la noche anterior había retrasado su entrada en escena. Todos se callaron al ver que una muchacha alta acababa de asomar la cabeza, pero, viendo que se equivocaba, corrió hacia el final del pasillo. Era Satin, con un sombrero y un velo, dándose aires de gran señora en visita. «Bonita trotacalles», murmuró Prullière, que se la encontraba desde hacía un año en el café Varietés. Y Simonne contó cómo Nana, al ver que Satin era una antigua amiga de pensión, intimó con ella y trató de que Bordenave la hiciese debutar.

—Hola, buenas noches —dijo Fontan estrechando las manos a Mignon y a Fauchery, que entraban entonces.

El viejo Bosc también les alargó la mano y las dos mujeres besaron a Mignon.

—¿Está bien la sala esta noche? —preguntó Fauchery.

—¡Oh, sí! Soberbia —respondió Prullière—. No hay más que ver cómo la gozan.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker