Nana

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Un primo, el bello Oscar de Saint-Firmin, era quien la introducía, esperando seducirla. Y como primera lección, para su gran sorpresa, oía cómo Géraldine tenía una discusión de carretero con el duque, muy sumiso y con gesto satisfecho, lo que le hizo exclamar: ¡Muy bien! Así es como se debe hablar a los hombres.

Géraldine no tenía más que esta escena en el acto. En cuanto a la duquesa, no tardaría en ser castigada por su curiosidad: un viejo verde, el barón de Tardiveau, la tomaba por una buscona y se mostraba muy solícito con ella, mientras en un diván Beaurivage hacía las paces con Géraldine, besándola. Como el papel de esta última aún no estaba distribuido, el tío Cossard se había levantado para leerlo, y ponía las intenciones a pesar suyo, figurando en los brazos de Bosc. Estaban en esta escena y el ensayo se arrastraba en un tono desabrido cuando Fauchery saltó de pronto en su sillón. Se había contenido hasta entonces, pero sus nervios ya no soportaban más.

—¡Eso no es así! —gritó.

Los actores interrumpieron el diálogo, quedando con los brazos caídos. Frunciendo la nariz y con su gesto de reírse de todo el mundo, Fontan preguntó:

—¿Qué dice? ¿Qué eso no es así?


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