Nana
Nana —Nadie está en su papel; ninguno, ninguno —repitió Fauchery, gesticulando y cruzando el tablado a grandes zancadas para corregir la escena—. Usted, Fontan, comprenda bien el arrebato de Tardiveau; es preciso que se incline, con ese gesto, para coger a la duquesa… Y tú, Rose, es entonces cuando haces tu pasada con viveza, de este modo, pero no demasiado pronto, sino cuando oigas el beso…
Se interrumpió y gritó a Cossard, en el calor de sus explicaciones:
—Géraldine, da el beso… ¡Fuerte! para que se oiga bien.
El tÃo Cossard, volviéndose hacia Bosc, hizo chascar ruidosamente los labios.
—¡Muy bien! Asà ha de ser el beso —dijo Fauchery triunfante—. Otra vez, repita el beso… Lo ves, Rose, he tenido tiempo de hacer la pasada, y entonces lanza un ligero grito: ¡ah! ella lo ha besado. Pero para esto, es preciso que Tardiveau se levante… ¿Entiende usted? Fontan, levántese… Vamos, ensayemos eso todos.