Nana
Nana —Yo, nada de patriota. No, no —tartamudeó Héctor—. Todo sobre el inglés. Ahà está el señorito. El Chaillot para los franceses.
Nana se escandalizó. Entonces se discutió el mérito de los caballos. Héctor, para fingir que estaba al corriente, los trataba a todos de jamelgos.
«Frangipane», del barón de Verdier, sustituÃa a «The Truth», un magnÃfico bayo que habrÃa tenido probabilidades de ganar si no lo hubieran agotado en los entrenamientos. En cuanto a «Valerio II» de la cuadra Corbreuse, aún no estaba preparado, y habÃa tenido retortijones en abril. Esto se ocultaba, pero lo sabÃa seguro. Y acabó por aconsejar «Hasard», un caballo de la cuadra Méchain, el más defectuoso de todos y al que nadie querÃa. Sin embargo, «Hasard» estaba en una forma soberbia y tenÃa nervio. Éste sà que serÃa un animal que sorprenderÃa a todo el mundo.
—No —dijo Nana—. Pondré diez luises a «Lusignan» y cinco a «Boum».
Héctor de la Faloise estalló:
—Pero, querida, ese «Boum» es infecto. No juegue eso. El mismo Gasc no apuesta a su caballo… Y su «Lusignan», nunca. Eso son bromas. Por Lamb y Princess, tampoco, nunca. Demasiado cortos de remos.