Nana
Nana —Escúchame, querida —murmuró él—. DesconfÃa, y no irrites demasiado a Rose… Comprende; prefiero prevenirte… SÃ, ella tiene un arma, y como no te ha perdonado el asunto de la Duquesita…
—¿Un arma? —exclamó Nana—. Me importa un bledo.
—Escucha, Nana; es una carta que ha encontrado en el bolsillo de Fauchery; una carta dirigida a ese traidor de Fauchery y escrita por la condesa de Muffat. Y diablos, que ahà está todo claro, con pelos y señales… Entonces, Rose quiere enviar la carta al conde con el fin de vengarse de él y de ti.
—Que te digo que me importa un bledo —repitió Nana—. Pues tiene gracia la cosa… Y todo eso con Fauchery. Tanto mejor si me provoca. Nos reiremos.
—Pues no, yo no lo quiero —repuso con viveza Mignon—. ¡Bonito escándalo! además, no ganamos nada con todo esto.
Se detuvo, temiendo hablar demasiado. Nana replicó que, con toda seguridad, no serÃa ella quien fuese a perjudicar a una mujer honrada. Pero como él insistÃa, le miró con fijeza. Sin duda tenÃa miedo de que Fauchery se metiese otra vez en su hogar si rompÃa con la condesa, que era lo que Rose deseaba, al mismo tiempo que se vengaba, porque estaba encariñada con el periodista.