Yo acuso. La verdad en marcha
Yo acuso. La verdad en marcha Este artículo se publicó en L’Aurore el 29 de septiembre de 1899.
Lo escribí cuando el presidente Loubet hubo firmado el indulto de Alfred Dreyfus, el 19 de septiembre, y el inocente, por dos veces condenado, fue devuelto a su familia. Yo estaba decidido a guardar silencio mientras la Audiencia de Versalles no se pronunciase con respecto a mi caso; sólo allí hubiera hablado. Pero debido a algunas circunstancias, no pude permanecer callado.
Señora,
[…] Dreyfus puede ya dormir tranquilo y confiado en el dulce hogar que cuida usted con sus piadosas manos. Cuente con nosotros para la glorificación de su marido. Nosotros, los poetas, somos los que otorgamos la gloria, y le reservaremos un papel tan grande que ningún hombre de nuestra época dejará un recuerdo tan conmovedor. […]
También somos nosotros, señora, los que ponemos en la picota eterna a los culpables. Las generaciones desprecian y escarnecen a quienes condenamos. Hay nombres criminales que, cubiertos de infamia por nosotros, pasan a ser por siempre inmundos desechos. La justicia inmanente se reservó ese instrumento de castigo; encargó a los poetas que legaran a la execración de los siglos a aquellos cuya maldad social y cuyos crímenes excesivos escapan a los tribunales ordinarios.