Yo acuso. La verdad en marcha
Yo acuso. La verdad en marcha Al principio, en el caso Dreyfus, no se dio más que un problema de justicia, el error judicial que algunos ciudadanos, sin duda de corazón más tierno y más justo que otros, quisieron reparar. A primera vista, no vi otra cosa. Y a medida que se desarrollaba ese monstruoso episodio, a medida que aumentaban las responsabilidades, que estas alcanzaban a superiores militares, a funcionarios, a hombres del poder, el problema no tardó en adueñarse de todo el cuerpo político, transformando la célebre causa en una terrible crisis general durante la cual parecía que tuviera que decidirse la suerte de la misma Francia. Así, poco a poco, dos partidos se vieron enfrentados: de un lado, toda la reacción, todos los adversarios de la República verdadera, la que deberíamos tener, todas las mentalidades que, quizá sin saberlo, están a favor de la autoridad bajo sus diversas formas: religiosa, militar, política; del otro, la libre acción hacia el futuro, todos los cerebros liberados por la ciencia, todos los que buscan la verdad, la justicia, y que creen en el progreso continuo, cuyas conquistas algún día acabarán por proporcionarnos la mayor felicidad posible. A partir de ese momento, la lucha fue despiadada.