Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio DOÑA INÉS.—¡Don Juan de mi corazón!
DON JUAN.—¡Silencio! ¿Habéis escuchado?
DOÑA INÉS.—¿Qué?
DON JUAN.—Sí; una barca ha atracado
debajo de ese balcón.
Un hombre embozado de ella
salta… Brígida, al momento
(Entra BRÍGIDA.)
pasad a esotro aposento;
y perdonad, Inés bella,
si solo me importa estar.
DOÑA INÉS.—¿Tardarás?
DON JUAN.—Poco ha de ser.
DOÑA INÉS.—A mi padre hemos de ver.
DON JUAN.—Sí; en cuanto empiece a clarear.
Adiós.
DON JUAN y CIUTTI.
CIUTTI.—Señor.
DON JUAN.—¿Qué sucede,
Ciutti?
CIUTTI.—Ahí está un embozado
en veros muy empeñado.
DON JUAN.—¿Quién es?
CIUTTI.—Dice que no puede
descubrirse más que a vos,
y que es cosa de tal priesa,
que en ella se os interesa
