Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio La efigie de esa tumba me ha invitado
a venir a buscar prueba más cierta
de la verdad en que dudé obstinado…
Heme aquÃ, pues; Comendador, despierta.
(Llama al sepulcro del Comendador. Este sepulcro se cambia en una mesa, que parodia horriblemente la mesa en que comieron, en el acto anterior, DON JUAN, CENTELLAS y AVELLANEDA. En vez de las guirnaldas que cogÃan en pabellones sus manteles, de sus flores y lujoso servicio, culebras, huesos y fuego, etc. (A gusto del pintor.) Encima de esta mesa aparece un plato de ceniza, una copa de fuego y un reloj de arena. Al cambiarse este sepulcro, todos los demás se abren y dejan paso a las osamentas de las personas que se suponen enterradas en ellos, envueltas en sus sudarios. Sombras, espectros y espÃritus pueblan el fondo de la escena. La tumba de DOÑA INÉS permanece.)
DON JUAN, la ESTATUA de don Gonzalo y las sombras.
ESTATUA.—Aquà me tienes, don Juan,
y he aquà que vienen conmigo
los que tu eterno castigo
de Dios reclamando están.
DON JUAN.—¡Jesús!
ESTATUA.—¿Y de qué te alteras,
si nada hay que a ti te asombre,
y para hacerte eres hombre
