Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio que tengo cifrada en ti
la gloria de mi existencia.
DON LUIS.—Pues bien, Ana, de ese amor
que me aseguras en nombre,
para no temer a ese hombre,
voy a pedirte un favor.
DOÑA ANA.—Di; mas bajo, por si escucha
tal vez alguno.
DON LUIS.—Oye, pues.
DOÑA ANA y DON LUIS, a la reja derecha; DON JUAN y CIUTTI, en la calle izquierda.
CIUTTI.—Señor, por mi vida que es
vuestra suerte buena y mucha.
DON JUAN.—Ciutti, nadie como yo;
ya viste cuán fácilmente
el buen Alcaide prudente
se avino, y suelta me dio.
Mas no hay ya en ello que hablar;
¿mis encargos has cumplido?
CIUTTI.—Todos los he concluido
mejor que pude esperar.
DON JUAN.—¿La beata…?
CIUTTI.—Esta es la llave
de la puerta del jardín,
que habrá que escalar al fin;
pues como usarced ya sabe,
las tapias de este convento
