Don Juan Tenorio
Don Juan Tenorio ABADESA.—Adiós, hija.
DOÑA INÉS, sola.
DOÑA INÉS.—Ya se fue.
No sé qué tengo, ¡ay de mÃ!,
que en tumultuoso tropel
mil encontradas ideas
me combaten a la vez.
Otras noches complacida
sus palabras escuché,
y de esos cuadros tranquilos
que sabe pintar tan bien,
de esos placeres domésticos
la dichosa sencillez
y la calma venturosa,
me hicieron apetecer
la soledad de los claustros
y su santa rigidez.
Mas hoy la oà distraÃda,
y en sus pláticas hallé,
si no enojosos discursos,
a lo menos aridez.
Y no sé por qué al decirme
que podrÃa acontecer
que se acelerase el dÃa
de mi profesión, temblé,
y sentà del corazón
acelerarse el vaivén,
