Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
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y teñírseme el semblante

de amarilla palidez.

¡Ay de mí…! Pero mi dueña,

¿dónde estará…? Esa mujer,

con sus pláticas, al cabo,

me entretiene alguna vez.

Y hoy la echo menos… Acaso

porque la voy a perder,

que en profesando, es preciso

renunciar a cuanto amé.

Mas pasos siento en el claustro;

¡oh! reconozco muy bien

sus pisadas… Ya está aquí.

Escena III

DOÑA INÉS y BRÍGIDA.

BRÍGIDA.—Buenas noches, doña Inés.

DOÑA INÉS.—¿Cómo habéis tardado tanto?

BRÍGIDA.—Voy a cerrar esta puerta.

DOÑA INÉS.—Hay orden de que esté abierta.

BRÍGIDA.—Eso es muy bueno y muy santo

para las otras novicias

que han de consagrarse a Dios:

no, doña Inés, para vos.

DOÑA INÉS.—Brígida, no ves que vicias

las reglas del monasterio,

que no permiten…

BRÍGIDA.—¡Bah! ¡bah!

Más seguro así se está,


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