Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam En todas partes donde se exige abnegación y plena responsabilidad, échase atrás Erasmo, retirándose a la frÃa concha de caracol de la neutralidad; por ninguna idea de este mundo ni por ninguna convicción se habrÃa encontrado dispuesto jamás a poner la cabeza en el tajo del verdugo como mártir. Pero esta debilidad de carácter, conocida por toda la época, nadie la sabÃa mejor como el propio Erasmo. Confesaba voluntariamente que su cuerpo y su alma no contenÃan nada de aquella materia con la cual la Naturaleza forma a los mártires; pero, para su posición en la vida, habÃa hecho suya la escala de valores de Platón, según la cual la justicia y la tolerancia son las primeras virtudes del hombre y sólo en segundo lugar aparece el valor. El valor de Erasmo mostróse del modo más alto en poseer la sinceridad de no avergonzarse de esta falta de valor (por lo demás, una forma muy rara de honradez en todos los tiempos), y como una vez se le reprochara groseramente esta falta de valentÃa combativa, respondió, fino y sonriente, con esta frase soberana: «Ese serÃa un duro reproche si fuera yo un soldado suizo mercenario. Pero soy un hombre de letras y necesito de tranquilidad para mi trabajo».