Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Rara vez se le presentan al hombre los poderes decisivos, el destino y la muerte, sin advertencia previa. Siempre envÃan por delante un discreto mensajero, pero con el rostro cubierto, y casi nunca presta atención el advertido a aquella llamada misteriosa. Entre las innumerables cartas de adhesión y homenaje que en aquellos años se acumulaban sobre el pupitre de Erasmo, encuéntrase también una de Spalatin, el secretario del Gran Elector de Sajonia, fechada en 11 de diciembre de 1516. En medio de ella, entre fórmulas de admiración y sabios informes, refiere Spalatin que un joven fraile agustino de su ciudad, que venera a Erasmo del modo más alto, no se siente de acuerdo con él en cuanto a la cuestión del pecado original. No aprueba la opinión de Aristóteles de que se es justo cuando se procede justamente, sino que él, por su parte, cree que sólo siendo justo se llega a estar en situación de proceder rectamente; «primero tiene que ser transformada la persona y sólo después vienen las obras».
