Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Tal oposición tiene que conducir, orgánicamente, a una hostilidad, aun cuando sean iguales las metas de su lucha. Al principio, Lutero y Erasmo quieren la misma cosa, pero su temperamento lo quiere de una manera tan completamente opuesta, que acaba por convertirse en oposición. Las hostilidades parten de Lutero. De todos los hombres geniales que ha sostenido la tierra, acaso haya sido Lutero el más fanático, el menos capaz de ilustración, el menos acomodable y el más antipacÃfico. No podÃa emplear a su alrededor, para servirse de ellos, más que a gentes que siempre dijeran que «sû; a los que dicen que «no» los utilizaba para inflamar su cólera contra ellos y pulverizarlos. Para Erasmo, el antifanatismo habÃa llegado a ser como una religión, y el tono duramente dictatorial de Lutero —aparte de lo que dijera— le herÃa el alma como siniestro cuchillo. Para él, era sencillamente intolerable, ya en lo corporal, este golpear perenne con el puño sobre la mesa, este discurrir con boca espumeante, ya que consideraba como meta suprema la inteligencia universal y culta entre las naturalezas espirituales, y la confianza en sà mismo de Lutero —que éste llamaba su confianza en Dios— se le presentaba como una irritante arrogancia, casi blasfema, en nuestro mundo, que casi siempre vuelve a caer necesariamente en el error y el delirio. Claro que Lutero, por su parte, tenÃa que corresponder con el odio a la tibieza e indecisión de Erasmo en materia de fe, a aquel no querer decidirse, a lo escurridizo, condescendiente y deslizante de una convicción que nunca podÃa establecerse de modo inequÃvoco; y ya la perfección estética, el «discurso artificioso» del gran humanista, en lugar de una clara confesión, irritaba la bilis del reformador. En lo más profundo del ser de Erasmo habÃa algo que tenÃa que irritar elementalmente a Lutero, y en lo más profundo del ser de Lutero habÃa algo que tenÃa que irritar del mismo modo a Erasmo. Es insensata, por lo tanto, la concepción de que sólo dependió de exterioridades y casualidades el que estos dos primeros apóstoles de la nueva doctrina evangélica, el que Lutero y Erasmo se unieran para una obra en común. Hasta lo más análogo, dadas las coloraciones tan diferentes de su sangre y de su espÃritu, tenÃa que presentar tono diverso en ellos, pues sus diferencias eran orgánicas. DescendÃan éstas desde el mundo superior del cerebro hasta la maraña de los instintos, e iban por los conductos sanguÃneos hasta aquellas profundidades donde ya no domina la consciente voluntad de pensar. Por ello, a causa de la polÃtica y por los asuntos comunes, pudieron guardarse miramiento uno a otro durante largo tiempo; lo mismo que dos troncos de árbol que flotan en la misma corriente, pudieron ir reunidos durante un perÃodo, pero en la primera curva y cambio de rumbo tenÃan fatalmente que estrellarse una contra otro: este conflicto histórico universal era inevitable.