Erasmo de Rotterdam
Erasmo de Rotterdam Pero también la espiritualidad de uno y otro proviene de estirpes totalmente diferentes del mundo del pensamiento. Erasmo es, indudablemente, el de más amplia vista, el que más sabe, ninguna cosa de la vida es extraña a él. Clara e incolora como la luz del dÃa, su abstracta razón penetra a través de todas las grietas y hendiduras de la realidad e ilumina cada objeto. Lutero, por el contrario, posee un horizonte infinitamente menor que el de Erasmo, pero de mayor profundidad; su mundo es más estrecho, incomparablemente más estrecho que el erásmico, pero sabe dar a cada uno de sus pensamientos, a cada una de sus convicciones, el impulso de su personalidad. Arrebata todo hacia su interior y allà lo caldea con su roja sangre; impregna cada idea con su personal fuerza vital, le da su fanatismo, y aquello que una vez ha sido reconocido y confesado por él, no será abandonado jamás; cada afirmación llega a ser una con todo su ser y adquiere de él una inmensa fuerza dinámica. Docenas de veces Lutero y Erasmo enunciaron idénticos pensamientos; pero precisamente lo mismo que en Erasmo sólo ejerce una fina atracción espiritual sobre las gentes espirituales, se convierte al punto en Lutero, gracias a su manera de ser arrebatadora, en una divisa bélica, en un grito de guerra, en una exigencia plástica, y estas exigencias las arroja a latigazos, tan furiosamente, sobre el mundo, como las raposas bÃblicas con sus tizones, que inflama la conciencia de toda la Humanidad. Todo lo erásmico tiende, en su esencia, hacia el descanso y la satisfacción del espÃritu; todo lo luterano, a una alta tensión y conmoción de la sensibilidad; por ello, Erasmo es el «Escéptico», allà donde discurre del modo más fuerte, más claro, más despierto y preciso; Lutero, en cambio, es el Pater extaticus, y la cólera y el odio brotan del modo más bárbaro de sus labios.