Los Ojos del hermano eterno
Los Ojos del hermano eterno —Siempre te he considerado como un guerrero esforzado ante mis enemigos, Virata, y como el hombre más justo de entre los servidores de mi reino. Si ya me veo obligado a renunciar a ti en la batalla, al menos no deseo privarme de tenerte a mi servicio. Como conoces la culpa y sabes sopesarla como un hombre justo, serás mi juez supremo y pronunciarás sentencias desde la escalera de mi palacio, y asà entre sus muros la verdad quedará garantizada y en el paÃs se cumplirán los preceptos de la justicia.
Virata se inclinó ante el rey y le abrazó las rodillas en señal de gratitud. El rey le ordenó montar en su elefante, a su lado, y juntos entraron en la ciudad de las sesenta torres, cuya alegrÃa los golpeó como un mar enfurecido.