Los Ojos del hermano eterno
Los Ojos del hermano eterno —El Invisible me ha enviado una señal que mi corazón ha comprendido. Maté a mi hermano para que supiera que quien mata al hombre, mata al hermano. No puedo ser caudillo en la guerra, porque la espada entraña violencia y la violencia es enemiga de la justicia. Quien toma parte en el pecado de homicidio, también es un homicida. Y yo no deseo inspirar miedo; todo lo contrario: prefiero alimentarme del pan del mendigo antes que despreciar la señal que he reconocido. Corta resulta una vida en el curso eterno de la transmigración, déjame vivir la mía como un hombre justo.
El rostro del rey se ensombreció y, por unos instantes, a su alrededor se hizo silencio; cargado de miedo, el silencio era tan profundo como atronador había sido antes el ruido, pues hasta aquel día, nunca jamás en los tiempos de los padres y de los antepasados, se había oído hablar de un hombre libre que se opusiera al rey o de un príncipe que se negara a aceptar un regalo de su soberano. El rey, sin embargo, alzó la vista hacia las garzas sagradas, el símbolo de la victoria que Virata había recuperado, y se le iluminó el rostro cuando decía: