Los Ojos del hermano eterno
Los Ojos del hermano eterno —¿La has medido con equidad? Y ¿dónde se halla, juez, la medida que aplicas? ¿Quién te ha azotado para que conozcas el azote? ¿Cómo puedes contar con tanta frivolidad los años con los dedos, como si fuesen iguales las horas pasadas a la luz y las que transcurren encerradas en las tinieblas de la tierra? ¿Has estado alguna vez en prisión, como para saber cuántas primaveras quitas de mis dÃas? No eres un juez sino un ignorante, pues tan sólo sabe del golpe quien lo siente en carne propia y no quien lo asesta; sólo aquel que ha sufrido puede medir el sufrimiento. Tu orgullo osa castigar a los culpables y tú eres el más culpable de todos, pues yo he quitado la vida en un arrebato de cólera, mientras que tú me quitas la mÃa a sangre frÃa y me aplicas una medida que tu mano no ha sopesado para descubrir su verdadero peso. ¡Aléjate de los escalones de la justicia, juez, no vaya a ser que ruedes escaleras abajo y vayas a parar a sus mismÃsimos pÃes! ¡Ay de aquel que mide con la vara de la arbitrariedad! ¡Ay del ignorante que cree saber lo que es el derecho! ¡Fuera de los escalones, juez ignorante, y no condenes a los vivos a la muerte que tu palabra entraña!
De su boca vocinglera brotaba odio puro, y los otros, en un arrebato de ira, se abalanzaron sobre él. Pero Virata los contuvo una vez más, volvió la cabeza para no mirar al salvaje y dijo en voz baja: