Los Ojos del hermano eterno
Los Ojos del hermano eterno Un día, sin embargo, la desgracia se cernió sobre el rey al que servía. El hermano de su esposa, a quien el soberano había nombrado administrador de la mitad de su reino, al codiciarlo entero, a sus espaldas había sobornado con regalos a los mejores guerreros del rey para que le sirvieran a él. Y había logrado de los sacerdotes que, de noche, le llevasen las garzas sagradas del lago, el símbolo de la soberanía desde hacía miles y miles de años en el linaje de los birwagh. El hostil hermano había preparado elefantes y garzas, había reunido a los hombres descontentos de las montañas en un ejército y emprendió una marcha amenazadora sobre la ciudad.