Maria Estuardo
Maria Estuardo Si la situación de Isabel ya no era envidiable antes, después de la derrota de los rebeldes promovidos y animados por ella se vuelve terrible. Sin duda era y será siempre un uso internacional desautorizar a posteriori a los rebeldes que el país vecino ha animado en secreto en caso de que sean derrotados. Pero como en la desgracia el azar se encadena siempre con el azar de la peor manera posible, uno de los envíos de dinero de Isabel a los lores ha ido a parar, por medio de un osado golpe de mano, a Bothwell, mortal enemigo de Moray, así que la prueba de la complicidad de Isabel está clara. Y segundo inconveniente: en su huida, Moray se ha refugiado como es natural en el país que le aseguró su apoyo por activa y por pasiva, Inglaterra; de pronto, el vencido aparece incluso en Londres. ¡Terrible situación para quien ya ha quedado demostrado que practica un doble juego! Porque si recibe en la corte a Moray, el rebelde, aprobará la revuelta a posteriori. Si, en cambio, somete a su secreto aliado al público oprobio de rechazarle, con cuánta facilidad ese hombre amargado contará sobre su financiadora todo lo que es mejor que no se sepa en las cortes extranjeras… pocas veces se vio Isabel en mayores apuros por su ambigüedad que en este momento.