Maria Estuardo
Maria Estuardo Ahora le toca actuar a Moray. Y, con severa seriedad, representa la escena ensayada. Su aparición ya indica notablemente bien la conciencia de su culpa. Se presenta humilde y titubeante, sin su paso habitual, tan erguido y osado, vestido enteramente de negro, dobla la rodilla como un peticionario y empieza a hablar a la reina en lengua escocesa. Enseguida, Isabel le interrumpe y le ordena hablar en francés, para que el embajador pueda seguir su conversación y nadie pueda afirmar que ha tenido ninguna clase de secretos con un rebelde tan despreciable. Moray balbucea, aparentemente confuso, pero enseguida Isabel saca un registro áspero: no entiende cómo él, un fugitivo y rebelde contra su amiga, puede osar acudir a su corte sin ser llamado. Sin duda, a veces ha habido malentendidos entre ella y María Estuardo, pero no han sido graves en modo alguno. Siempre ha considerado a la reina de Escocia su buena hermana, y espera que siga siéndolo. Por eso, si Moray no puede darle pruebas de que sólo se ha levantado contra su soberana por necedad o en defensa propia, lo hará encarcelar y le pedirá responsabilidades por su conducta rebelde. Que Moray se defienda, pues.