Maria Estuardo
Maria Estuardo Forma parte de la esencia de todo sentimiento pleno que no cuente ni ahorre, no dude y no pregunte: cuando una naturaleza principesca ama, eso significa plena entrega y derroche. En las primeras semanas de matrimonio, MarÃa Estuardo no se cansa de mostrar su favor a su joven esposo. Cada dÃa sorprende a Darnley con nuevos regalos: ora un caballo, ora un traje, cien cosas pequeñas y tiernas después de haberle dado todas las grandes, después de haberle dado el tÃtulo de rey y su inquieto corazón. «Se le ha dado plenamente todo lo que una mujer puede hacer en honor de un hombre —informa a Londres el embajador inglés—. Todos los elogios, todas las dignidades que podÃa otorgar, le han sido hace mucho reconocidas. No le gusta nadie que no le guste a él, no puedo decir sino que está completamente subordinada a su voluntad.» Conforme a su vehemente naturaleza, MarÃa Estuardo no puede hacer nada a medias, sino que todo lo hace por entero y más que por entero: cuando se entrega, no lo hace de forma titubeante y temerosa, sino que es el suyo un darse sin medida, furioso y despilfarrador. «Se ha puesto completamente bajo la voluntad de él —escribe Randolph— y se deja guiar y conducir como a él le place.» Como apasionada amante, entrega toda su vida en obediencia y extasiada humildad. En una mujer enamorada, sólo un orgullo enorme puede convertirse de un modo tan grandioso en una enorme entrega.