Maria Estuardo
Maria Estuardo Esa eterna pobreza es la úlcera supurante que chupa las energías políticas de Escocia, ese hermoso y noble país. Porque debido a la necesidad y a la codicia de sus reyes, de sus soldados, de sus lores, no pasa de ser la sangrienta pelota con la que juegan las potencias extranjeras. Los que luchan contra el rey y a favor del protestantismo reciben su soldada de Londres, los que lo hacen por el catolicismo y los Estuardo, de París, Madrid y Roma: todas esas potencias extranjeras pagan gustosas y de buen grado por la sangre escocesa. La decisión última sigue vacilando entre las dos grandes naciones, Inglaterra y Francia, por eso este vecino inmediato de Inglaterra es para Francia un compañero insustituible en el tablero de juego. Cada vez que los ejércitos ingleses se abren paso en Normandía, Francia dirige con celeridad ese puñal contra la espalda de Inglaterra; enseguida los escoceses, siempre dispuestos a guerrear, se lanzan contra los border, contra sus auld enimies, e incluso en tiempos de paz constituyen una constante amenaza. Fortalecer militarmente a Escocia es la eterna preocupación de la política francesa, y, por eso, nada más natural que, por su parte, Inglaterra trate de romper ese poder instigando a los lores a constantes rebeliones. De este modo, este desdichado país se convierte en sangriento campo de batalla de una guerra de cien años, que sólo quedará definitivamente decidida en el destino de esta niña, todavía ignorante de lo que le espera.