Maria Estuardo
Maria Estuardo Naturalmente, esa secreta entrega del material acusador que ella aún desconoce a María Estuardo es una jugada de Maitland contra sus compañeros, y además una grave violación del orden de cualquier proceso normal. Pero se ve rápidamente compensada por la misma inconveniencia por parte de los lores, que a su vez pasan las «cartas de la arqueta» a Norfolk y los otros comisarios ingleses, por así decirlo, por debajo de la mesa. Esto es un duro golpe contra la causa de María Estuardo, porque los jueces que hace poco querían mediar quedan influidos personalmente contra ella de antemano. Especialmente Norfolk queda consternado ante el mal olor que emana de esa abierta caja de Pandora. Enseguida, comunica a Londres —lo que a su vez tampoco podía hacer, pero en este extraño proceso vale todo salvo el derecho— que «el amor sucio y desenfrenado entre Bothwell y la reina, su repugnancia por el hombre asesinado y la conspiración contra su vida eran de tal modo evidentes que toda persona buena y bienintencionada tenía que estremecerse y retroceder espantada».