Maria Estuardo
Maria Estuardo «Hay que poner punto final a esto», «the matter must come to an end»… Con esa acerada fórmula resume impaciente un ministro de Isabel el sentimiento de todo el país. Nada soporta peor un pueblo o una persona que la permanente incertidumbre. El asesinato del otro paladín de la Reforma, el príncipe de Orange (junio de 1584), a manos de un fanático católico ha mostrado a Inglaterra con claridad a quién irá dirigida la próxima puñalada, y una conspiración sigue a la otra con rapidez creciente… así que ¡vamos de una vez a por la prisionera, de la que emana toda esta peligrosa inquietud! ¡Ataquemos por fin «la raíz del mal»! En septiembre de 1584, casi todos los lores y funcionarios protestantes se reúnen en una association y se comprometen «en presencia del eterno Dios, por su honor y su palabra», no sólo «a dar muerte a toda persona» que participe en una conspiración contra Isabel, sino también a hacer personalmente responsable a «todo pretendiente en cuyo favor conspiren esas gentes». El Parlamento da forma legal a estos acuerdos en una «act for the security of the Queen’s Royal Person». Todo aquel que haya tomado parte en un atentado contra la reina o —este paso es importante— haya dado en principio su asentimiento a él, estará desde ahora bajo el hacha del verdugo. Además, se establece que «cualquier persona que sea acusada de conspiración contra la reina será juzgada por un tribunal formado por veinticuatro jueces nombrados por la corona».