Maria Estuardo
Maria Estuardo Según el ceremonial de la corte francesa, el luto más severo de una viuda real dura cuarenta dÃas. Durante esa implacable clausura, no puede abandonar sus aposentos ni por un instante; durante las primeras dos semanas, nadie salvo el nuevo rey y sus parientes más próximos puede visitarla en su tumba artificial, en su habitación oscura, iluminada con sólo dos velas. Durante esos dÃas, la viuda real no se viste de lúgubre negro, el eterno color del luto, como las mujeres del pueblo; sólo a ella le corresponde el deuil blanc, el duelo blanco. Blanca la cofia sobre el pálido rostro, de brocado blanco el vestido, blancos los zapatos, las medias, oscuro tan sólo el crespón que cubre esa extraña lámpara de minero, asà viste MarÃa Estuardo durante aquellos dÃas, asà nos la muestra Janet en su famoso cuadro y asà la describe Ronsard en su poema:
Un crespe long, subtil et délié
Ply contre ply, retors et replié
Habit de deuil, vous sert de couverture,
Depuis le chef jusques à la ceinture,
Qui s’enfle ainsi qu’un volle quand le vent
Soufle la barque et la cingle en avant,
De tel habit vous étiez accoutrée
Partant, hélas! de la belle contrée
Dont aviez eu le sceptre dans la main,
Lorsque, pensive et baignant votre sein