Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer En aquellos dos años que dediqué casi exclusivamente a traducir la obra poética de Verhaeren y a preparar una biografÃa suya, emprendà también muchos viajes, en parte para dar conferencias en público. Y recibà una inesperada recompensa, en apariencia ingrata, por mi dedicación a la obra de Verhaeren: sus amigos en el extranjero se fijaron en mà y pronto se convirtieron también en mis amigos. Y, asÃ, un dÃa vino a visitarme Ellen Key, esa maravillosa sueca que, con una audacia sin precedentes en aquella época refractaria y de miras estrechas, luchaba en pro de la emancipación de la mujer y que en su libro El siglo del niño incidió, mucho antes que Freud, en la vulnerabilidad psÃquica de los jóvenes; en Italia, ella me presentó a Giovanni Cena y me introdujo en su cÃrculo literario, y también gracias a ella conseguà a otro amigo importante en la persona del noruego Johan Bojer. Georg Brandes, el maestro internacional en historia de la literatura, se interesó por mà y, gracias a mi propaganda, el nombre de Verhaeren pronto fue más conocido en Alemania que en su propio paÃs. Kainz, el más grande de los actores, y Moissi recitaron en público poemas de Verhaeren en mi traducción. Y Max Reinhardt llevó al teatro alemán su drama El monasterio: podÃa darme por satisfecho.