Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer ―Pardon, monsieur ―empezó a decir.
Pero no lo dejé continuar. Me limité a estrecharle la mano como muestra de agradecimiento; hubiera preferido besársela. En aquella hora habÃa visto revelarse el eterno secreto de todo arte grandioso y, en el fondo, de toda obra humana: la concentración, el acopio de todas las fuerzas, de todos los sentidos, el éxtasis, el transporte fuera del mundo de todo artista. HabÃa aprendido algo para toda la vida.
HabÃa decidido trasladarme de ParÃs a Londres a finales de mayo. Pero me vi obligado a aplazar el viaje quince dÃas, porque una circunstancia imprevista habÃa hecho incómodo mi encantador alojamiento. Fue a causa de un episodio curioso que me divirtió y, al mismo tiempo, me permitió formarme una idea bastante instructiva de la forma de pensar en distintos ambientes franceses.