Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Cuando en la Pascua de 1917 apareció mi tragedia Jeremías en forma de libro, tuve una sorpresa. La había escrito intencionadamente en enconada oposición a la época y, por esta razón, esperaba una oposición no menos enconada. Pero ocurrió todo lo contrario. En seguida se vendieron veinte mil ejemplares del libro, una cifra fantástica para un drama impreso; no sólo los amigos como Romain Rolland se manifestaron públicamente a su favor, sino también los que antes defendían más bien el otro bando, como Rathenau y Richard Dehmel. Directores de teatro a los que ni siquiera se les había entregado el drama, era impensable representarlo en Alemania durante la guerra, me escribieron pidiéndome que les reservara el estreno para cuando llegara la paz; incluso la oposición de los belicosos se mostró cortés y respetuosa, Me lo había esperado todo menos esto.
