Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer No había creído ni por un solo momento que esta obra obtuviera un éxito apreciable. Por el hecho de que coincidían en ella tantos problemas, el profético, el pacifista y el judío, más la labor de dar forma coral a las escenas finales, sus proporciones superaban de tal modo a las de un drama normal, que una representación como es debido hubiera requerido en realidad dos o tres sesiones. Y luego: ¿cómo podía llegar a los escenarios alemanes una obra que anunciaba e incluso ensalzaba la derrota, mientras todos los días los periódicos cantaban con brío “Vencer o morir”? Tenía que ocurrir un milagro para que publicaran el libro, pero incluso en el peor de los casos, que eso no fuera posible, como mínimo me había ayudado a superar la peor época. En el diálogo poético decía todo lo que había tenido que callar en la conversación con los hombres. Me había sacudido la carga que me aplastaba el alma y me había restituido a mí mismo; en el mismo instante en que en mi interior había dicho “no” a la época, había encontrado el “sí” a mí mismo.