Memorias de un europeo El mundo de ayer
Memorias de un europeo El mundo de ayer Sin embargo, y a pesar de todo, me vería en un compromiso si tuviera que explicar a alguien cómo subsistió aquella Austria saqueada, pobre e infausta. A su izquierda, en Baviera, se había instaurado la República Comunista de los Sóviets y, a su derecha, Hungría se había convertido en bolchevique con Béla Kun; ni siquiera hoy alcanzo a comprender cómo fue que la Revolución no se extendió a Austria. En verdad, no fue por falta de detonantes. Por las calles vagaban los soldados licenciados, famélicos y andrajosos, contemplando indignados el insolente lujo de los que se habían beneficiado de la guerra y la inflación; en los cuarteles, un batallón de la “guardia roja” se encontraba en estado de alerta, listo para disparar, y no existía ninguna otra fuerza organizada. Doscientos hombres decididos habrían podido apoderarse de Viena y de toda Austria. Pero no ocurrió nada serio. Tan sólo una vez un grupo indisciplinado intentó dar un golpe de Estado, el cual fue aplastado sin esfuerzo por cuatro o cinco docenas de policías armados. Y así el milagro se hizo realidad: aquel país aislado de sus fuentes de energía, de sus fábricas, minas de carbón y campos petrolíferos, aquel país saqueado, con una moneda depreciada que se precipitaba pendiente abajo como un alud, se mantuvo en pie firme, gracias quizás a su flaqueza (porque la gente estaba demasiado débil, demasiado hambrienta para seguir luchando por algo), pero quizá también gracias a su fuerza más oculta, típicamente austríaca: su innato talante conciliador. Y es que los dos partidos mayoritarios, el socialdemócrata y el cristiano-social, a pesar de sus profundas diferencias, se unieron en aquella hora dificilísima para formar un gobierno de coalición. Se hicieron concesiones mutuas para evitar una catástrofe que habría arrastrado a toda Europa. Poco a poco la situación comenzó a normalizarse y consolidarse y, con gran sorpresa por nuestra parte, ocurrió algo increíble: aquel Estado mutilado subsistió y más tarde incluso estuvo dispuesto a defender su independencia cuando Hitler fue a quitarle el alma a aquel pueblo sacrificado, fiel y valiente en la hora de las privaciones.