Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Por eso, el 25 de abril de 1792, cuando el correo de París trae a Estrasburgo la noticia de que se ha declarado la guerra, es un día único. Enseguida, desde todas las calles y desde todas las casas, el pueblo corre hacia las plazas. Dispuestas para la guerra, las tropas marchan en su último desfile, regimiento tras regimiento. En la plaza principal les espera el burgomaestre Dietrich, el cuerpo envuelto en la banda tricolor, con la escarapela en el sombrero que agita en señal de saludo en dirección a los soldados. El toque de los clarines y el redoble de los tambores reclaman silencio. A viva voz, Dietrich lee en francés y alemán el texto de la declaración de guerra en ésa y en todas las demás plazas de la ciudad. Tras sus últimas palabras, los músicos del regimiento entonan el primer canto de guerra, provisional, de la Revolución. El Ça ira. En el fondo se trata de una melodía de baile picante, insolente, satírica, aunque el atronador avance de las tropas le dé un aire marcial. Después, la multitud enardecida se dispersa, llevando consigo el entusiasmo por todas las calles y casas. En los cafés, en los clubes, se pronuncian encendidos discursos, se distribuyen proclamas. «Aux armes, citoyens! L’étendard de la guerre est déployé! Le signal est donné!» Empiezan con llamamientos como éstos o similares. Y por doquier, en todas las arengas, en todos los periódicos, en todos los carteles, en todos los labios, se repiten gritos tan contundentes y rítmicos como éstos: «Aux armes, citoyens! Qu’ils tremblent donc, les despotes couronnés! Marchons, enfants de la liberté!» Y una y otra vez, la masa aclama jubilosa las ardientes palabras.