Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Es tarde, pasada la medianoche. El 25 de abril, la fecha de la declaración de guerra, un día tan emocionante para la ciudad de Estrasburgo, ha tocado a su fin. En realidad, ya ha empezado el 26 de abril. Sobre las casas reina una oscuridad nocturna, pero es una oscuridad engañosa, pues la ciudad aún vibra de excitación. En los cuarteles, los soldados se preparan para la marcha, y, tras las persianas cerradas, tal vez algunos entre los más precavidos, también para huir, en secreto. Por las calles desfilan algunos pelotones. Y entre ellos, suenan los cascos de los caballos del correo que galopan a toda velocidad. Después se acerca el estrépito de un nuevo convoy de artillería. Y una y otra vez, monótona, resuena la llamada de los centinelas de un puesto a otro. El enemigo está demasiado cerca. Y el alma de la ciudad, demasiado insegura, demasiado exaltada, como para conciliar el sueño en momento tan decisivo.