Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Ese dÃa Johann August Suter ha conseguido su objetivo. Es el hombre más rico del mundo.
¿El hombre más rico del mundo? No. Una vez más, no, sino el más pobre mendigo, el hombre más desdichado, el más coceado. Y una vez más el destino le propina un nuevo golpe mortal, pero uno que le deja tendido en el suelo para siempre. Tras la noticia del fallo, en San Francisco y por todo el paÃs estalla un tumulto. Cientos de miles se amotinan, todos los propietarios amenazados, el populacho de la calle, la chusma siempre deseosa de entregarse al pillaje. Asaltan el Palacio de Justicia, incendiándolo. Buscan al juez, para lincharlo, y se ponen en camino, un rebaño inmenso, con la intención de saquear todas las propiedades de Johann August Suter. Su hijo mayor, acosado por los bandidos, se pega un tiro. El segundo es asesinado. El tercero huye y se ahoga en el camino de vuelta a casa. Una oleada de fuego recorre toda Nueva Helvecia. Las granjas de Suter son reducidas a cenizas. Sus viñedos pisoteados. Sus muebles, sus colecciones, su dinero, robados. Y bajo esa furia despiadada sus posesiones quedan convertidas en un desierto. El mismo Suter se salva a duras penas.
Johann August Suter jamás se recuperó de este golpe. Su obra ha sido destruida. Su mujer, sus hijos, están muertos. Su ánimo, atribulado. Un solo pensamiento vibra aún confuso en la mente ahora sombrÃa. La justicia, el proceso.