Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Por segunda vez, Marco Tulio Cicerón ha huido del mundo para refugiarse en su soledad. Ahora se da cuenta definitivamente de que, en una esfera en la que el poder equivale a la ley y en la que se fomenta más la falta de escrúpulos que la prudencia y el espíritu conciliador, él, como hombre instruido, como humanista, como garante de la justicia, ha estado desde el principio en un lugar que no le correspondía. Estremecido, ha tenido que reconocer que en esa época afeminada, la república ideal, tal y como la soñara para su patria, es decir, el restablecimiento de las viejas costumbres romanas, ya no es posible. Pero como él mismo no ha podido consumar la acción libertadora en la realidad, esa materia recalcitrante, quiere al menos salvar su sueño para una posteridad más sabia. Los esfuerzos y los conocimientos de sesenta años de vida no pueden perderse por completo y quedar sin efecto. Así, este hombre humillado recuerda cuál es su verdadero poder, y, como advertencia para otras generaciones, redacta en esos días de soledad su última obra, al mismo tiempo la más grande, De officiis, la enseñanza de las obligaciones que el hombre independiente, el hombre moral, ha de cumplir frente a sí mismo y frente al Estado. Lo que Marco Tulio Cicerón escribe en Pozzuoli durante el otoño del año 44 a. C. otoño también de su vida, es su testamento político y moral.