Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad dos manos pelan la venda blanca
como si fuera la gigantesca corteza de un abedul.
A tientas, los ojos salen de la tumba
y palpando, torpes, deslumbrados, débiles,
vuelven a entrar
en la existencia a la que ya habían renunciado.
Y entonces ve
el mismo tejado de oro de la iglesia,
que ahora arde místicamente
en el creciente rubor de la mañana.
Las maduras rosas de la aurora
la envuelven como con piadosos rezos.
El resplandeciente capitel
señala, con su mano clavada en la cruz,
una espada sagrada, allá arriba, al borde
de las alegres nubes enrojecidas.
Y allí, embriagándose en la claridad matinal,
se extiende sobre la iglesia la bóveda celeste.
Una corriente
de luz arroja sus olas al rojo vivo
contra todo el cielo resonante.
Los vapores de la niebla
ascienden en bocanadas, como cargadas
con el peso de toda la oscuridad terrena,
en el resplandor de la sublime mañana.
Y de las profundidades ascienden unas notas,