Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad CYRUS W. FIELD, 28 DE JULIO DE 1858
Durante los miles y tal vez cientos de miles de años transcurridos desde que la singular criatura llamada hombre pisara la Tierra, no hubo ningún otro medio de locomoción terrestre superior a la carrera de un caballo, a una rueda en marcha o a un barco de vela o a remo. Toda la plétora de avances técnicos, comprendida en ese espacio estrecho e iluminado por el conocimiento al que llamamos historia universal, no había producido ninguna aceleración apreciable en el ritmo del movimiento. Los ejércitos de Wallenstein apenas avanzaban más de prisa que las legiones de César. Los de Napoleón no lo hacían más rápido que las hordas de Gengis Kan, Las corbetas de Nelson cruzaban el mar sólo un poco más deprisa que los barcos piratas de los vikingos o los comerciales de los fenicios. Lord Byron en sus viajes narrados en La peregrinación de Childe Harold no superaba más leguas al día que Ovidio camino del exilio en el Ponto. Goethe en el siglo XVIII no viajaba en esencia más cómodo o más rápidamente que el apóstol san Pablo a comienzos de nuestra era. Inalterablemente alejados en el espacio y en el tiempo, los países están tan separados unos de otros en la época de Napoleón como bajo el imperio romano. La resistencia de la materia aún prevalece sobre la voluntad humana.