Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Sólo el siglo XIX transforma de un modo fundamental la medida y el ritmo de la velocidad terrestre. En su primera y segunda década, los pueblos, los países, se aproximan unos a otros con mayor rapidez que en los siglos precedentes. Con el ferrocarril, con el barco de vapor, los viajes que antes duraban días se hacen ahora en uno solo; los que hasta ahora requerían interminables horas, en un cuarto de hora o en minutos. Pero aun cuando estas nuevas velocidades del ferrocarril y del barco de vapor fueran triunfalmente recibidas por los contemporáneos, esos inventos están aún en el terreno de lo comprensible, pues, aunque esos vehículos multiplican por cinco, por diez, por veinte, las velocidades hasta entonces conocidas, la mirada y la mente aún pueden seguirlas y explicar el aparente milagro. Con repercusiones por completo insospechadas, se presentan los primeros adelantos de la electricidad, que, un Hércules aún en la cuna, violan todas las leyes vigentes hasta entonces y rompen con todas las medidas en vigor. Jamás podremos comprender el asombro de aquella generación frente a los primeros resultados del telégrafo eléctrico, el enorme estupor y el entusiasmo que despertó el que esa pequeña chispa, apenas perceptible, que aún ayer sólo era capaz de dar una sacudida a una pulgada de distancia de la botella de Leiden, alcanzara de golpe la fuerza demoníaca para saltar kilómetros y kilómetros por encima de países, montañas y continentes enteros. Que la idea apenas barruntada hasta sus últimas consecuencias de que la palabra recién escrita pudiera recibirse, ser leída y entendida en el mismo momento a miles y miles de millas; que la corriente invisible que vibra entre los dos polos de una minúscula columna voltaica pudiera extenderse por toda la Tierra, de un extremo al otro; que ese aparato de juguete de los laboratorios, que ayer era capaz de atraer un par de trocitos de papel por frotamiento de un cristal, pudiera potenciar en miles y miles de millones la fuerza muscular y la velocidad humana, trayendo noticias, moviendo trenes, iluminando calles y casas, y como Ariel flotar invisible en el aire. Sólo por medio de este descubrimiento la relación espacio-tiempo experimentó el cambio más decisivo desde la creación del mundo.