Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Originalmente se había pensado que los dos grandes barcos, el Agamemnon y el Niagara, cada uno de los cuales transporta la mitad del cable, navegaran juntos hasta un punto calculado de antemano y que sólo allí se procediera a remachar las dos mitades. Después uno de los barcos se habría dirigido hacia el oeste, en dirección a Terranova, y el otro hacia el este, en dirección a Irlanda. Pero les parece demasiado temerario arriesgar todo el valioso cable en el primer intento. De modo que prefieren hacer el primer trayecto desde tierra firme, en tanto en cuanto no están seguros de si una transmisión telegráfica submarina a semejantes distancias funcionaría correctamente.
La misión de lanzar el cable desde tierra firme hasta la mitad del mar recae sobre el Niagara. Lentamente, con precaución, la fragata americana se dirige hacia allá, como una araña que de su poderoso cuerpo fuera soltando sin cesar el hilo tras de sí. Lenta, regularmente, la máquina encargada de tender el cable matraquea a bordo. Es el viejo ruido, tan bien conocido por la gente de mar, del cable del ancla soltándose, desenrollándose de los cabestrantes. Y al cabo de pocas horas la tripulación atiende tan poco a ese sonido machacón, regular, como a los latidos de su propio corazón.
