Momentos Estelares De La Humanidad
Momentos Estelares De La Humanidad Y el espectáculo es singular. Popa contra popa, los barcos se alejan uno del otro. Entre ambos remachan los extremos del cable. Sin ninguna formalidad, incluso sin que la gente de a bordo preste un interés especial al suceso —están ya hartos de tanto intento frustrado—, el cable de hierro y cobre se hunde entre los dos barcos hasta lo más hondo del océano, a una profundidad aún no explorada por sonda alguna. Un último saludo de cubierta a cubierta, de una bandera a otra, y el barco inglés pone rumbo a Inglaterra y el americano hacia América. Mientras se alejan el uno del otro, dos puntos en movimiento en medio del inmenso océano, el cable los mantiene unidos en todo momento. Por primera vez desde que el mundo existe, dos barcos que no se ven pueden comunicarse a través del viento, de las olas, del espacio y de la distancia. Cada dos horas uno de ellos emite una señal eléctrica desde el fondo del océano comunicando las millas recorridas. Y cada vez confirma el otro que, gracias a que hace un tiempo excelente, ha recorrido la misma distancia. Asà pasa un dÃa, un segundo, un tercero y un cuarto. El 5 de agosto, el Niagara puede comunicar al fin que ve ante sà la costa americana en la bahÃa de Trinidad, en Terranova, después de haber colocado no menos de mil treinta millas de cable. E igualmente ha triunfado el Agamemnon, que a su vez ha sepultado el cable a lo largo de mil millas y que por su parte tiene ante sà la costa irlandesa. Por primera vez, la palabra humana se transmite ahora de un paÃs a otro, desde América hasta Europa, pero sólo esos dos barcos, sólo esos doscientos hombres en sus cáscaras de madera saben que la hazaña se ha consumado. Aún no lo sabe el mundo, que hace ya tiempo que se ha olvidado de esta aventura. Nadie les espera en la playa, ni en Terranova ni en Irlanda, pero en el momento en que el nuevo cable oceánico se conecte al terrestre, toda la humanidad conocerá su común y formidable victoria.